El Precio de IDEALIZAR

Cuando idealizamos, no vemos al otro, vemos lo que necesitamos creer. Cuando esa imagen se cae, llega la frustración y el enojo, incluso con nosotros mismos. No fue el otro quien nos engañó; fue nuestro propio espejismo.
Esa fantasía actúa como un falso alivio que deteriora la autoestima y debilita la confianza personal. Terminamos amando un reflejo distorsionado y repitiendo patrones que nos lastiman.
La salida es recuperar la coherencia: alinear lo que pensamos, sentimos y hacemos. Desde ahí, los espejismos desaparecen y vuelve lo esencial: ser quienes somos, sin ilusiones ni máscaras.

Comentarios